El eurekazo
¿Cómo poner a prueba hipótesis escénicas?
Nico S.
Sejas, N. (2026, octubre). El eurekazo. nicosejas.ar. https://nicosejas.ar/blog/textos/el-eurekazo/
El eurekazo es una idea genial, pero para entenderla hay que reconstruirla. Apenas arranca, la directora dice que el evento no es una muestra ni tampoco una obra: es un ensayo abierto al público. Lo que se expone, también nos explica, serán hipótesis escénicas.
Con esa aclaración nos explicita que la puesta en escena se encuentra en construcción —(como una ponencia o esos paper malardos que se hacen en el medio de la tesis, pero constituyen una buena excusa para hacer turismo académico y viajar a un congreso). Al mismo tiempo, implícitamente, la directora también nos informa que sus artistas en formación nos estarán haciendo a nosotros, el público, una pregunta. ¿Cuál será?
La suma de las partes logra algo más que cada monólogo por separado. Lo que se prueba en El eurekazo es la capacidad de recibir (el regalo maussiano).
Son cinco, seis, siete artistas en formación. Cada uno desarrolla una historia, un concepto, un conjunto de técnicas. La presentación empieza con una idea que todavía no encuentra su concepto; sigue con una buena técnica que busca su historia; y continúa con una historia a la que le falta contexto. En el medio, a partir de la cuarta escena, aparecen cosas que tienen un poco más de forma.
Por ejemplo, entre escena y escena, iremos conociendo cada vez mejor a Toto. Este personaje es un utilero que hace acrobacia, malabares, títeres y teatro. Es la historia de alguien con mucho talento que busca su lugar. Toto hace que el espacio funcione para que todos sus compañeros se luzcan; pero él nunca obtiene ningún reconocimiento.
Su historia empalma después con la de un músico que no es aceptado en el conservatorio. Pero que a pesar de esa caída decide no bajar los brazos. Entonces hace trapecio.
Después viene una compleja historia con varias capas de sentido. Un malabarista ensaya una y otra vez el mismo número, mientras repite la carta que un tal Justo José le escribió a un tal Juan Manuel para hablar de la complicada relación que tenian Urquiza y Rosas. Mientras se le caen las pelotas, su metáfora dice que la historia argentina se repite; que decir la historia no es repetir un cuento; y que para conocerla de verdad se requiere precisión técnica. Lo que nos muestra entonces el malabarista es el esfuerzo, su persistencia. Es la historia de un autor en construcción.
El eurekazo son cinco, seis, siete historias bien curadas. Aunque no parezca el evento tiene principio, nudo y fin. La hipótesis escénica general es darle la posibilidad al espectador que complete el sentido entre las partes. Se mide nuestra capacidad de recibir lo que los artistas nos dan: la posibilidad de imaginar y construir sentido. Por eso también el personaje de Toto gusta tanto. La pregunta principal que nos propone El erukazo es cómo se construye un artista.
Racionalismo aplicado al arte, esa es la perspectiva. Los artistas se construyen formándose. Hay que tener una buena idea; pero para convertirla en concepto y en representación hace falta esfuerzo: repetir, insistir y perder el miedo a equivocarse frente al público. Hay algo de tango en esa manera de pensar la construcción de los artistas.
¿Llegará ese esfuerzo a buen puerto? La puesta en escena no nos muestra una obra. Es un ensayo un poco más prolijo. Pero la presión que el evento genera en los actores hace que la exposición saque lo mejor de ellos. Y entonces se entregan, se sacrifican ante nosotros, como si lo que nos dieran fuera su propia versión final.
Sin embargo El Eurekazo es un borrador que se vive como teatro real. Nos muestra un trabajo en su proceso de edición. Quizás lo único que de verdad existe.
En Filosofía de la composición, Edgar Allan Por escribió: "Muchas veces he pensado cuán interesante sería un artículo de revista donde un autor quisiera —o, mejor dicho, pudiera— detallar paso a paso el proceso por el cual una de sus composiciones llegó a completarse. (…) La mayoría de los escritores —y los poetas en especial— prefieren dar a entender que componen bajo una especie de espléndido frenesí, una intuición extática, y se estremecerían a la idea de que el público echara una ojeada a lo que ocurre en bambalinas".
El marco teórico del cual sale la hipótesis escénica general de El erukazo está en Filosofía de la composición. Estos actores de circo saben cómo componerse. Y con la metáfora del final se cierra el concepto que intentan transmitir: el malabarista repite y repite y repite buscando que el texto (su malabar perfecto) le salga. Pero nunca puede. Y sin embargo, esa es su obra: el proceso; el tiempo gastado en aprender la técnica.
Su esfuerzo por contar una historia uniendo tres planos es conmovedor: el cuerpo se mueve aprendiendo una técnica; el artista en formación quiere contar un cuento que se le ocurrió; y para eso tiene que combinar la habilidad circense con un buen argumento que está trabajando.
Lo que nos demuestra con su prueba es que el arte por el arte no existe. Que los iluminados de trasnoche no son artistas. Y lo que define a los verdaderos artistas es su fuerte deseo por profesionalizarse. Son expertos en fabricar metáforas por encargo: gente que buscamos el arte en lugares raros porque todavía queremos creer.