Panfleto·Colección La Facultad

El río y el cemento

Otro aniversario de las inundaciones del 2003

Comisión de Comunicación (CO.CO)

Abril de 2017 2 min de lectura
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Comisión de Comunicación (CO.CO) (2017, 29 de abril). El río y el cemento. nicosejas.ar. https://nicosejas.ar/blog/textos/el-rio-y-el-cemento/

La inundación del año 2003 no fue un fenómeno natural sino lógico. El Salado entró por el norte porque la obra que debía defendernos estaba mal diseñada, pésimamente planificada y además inconclusa; el río se dirigió hacia el sur debido a la pendiente que tiene nuestro suelo y el oeste se ahogó porque es la parte más baja de Santa Fe.

Los inundados no fuimos vecinos de la ciudad sino 130 mil humanos. Sin embargo, nos despertó una pesadilla que era agua; y dormimos en el piso mugriento de verdaderos campos de refugiados; y nos levantamos para comer las sobras del mundo; y seguimos adelante con la única esperanza que daba la mucha o poca solidaridad que nos tocó en suerte.

Los evacuados, antes de estar en riesgo, éramos personas a quienes el Estado dejó de tutelar. Los medios transmitían que la situación era normal dado al carácter excepcional de la inundación. Pero lo normal habría sido saberse protegidos y con derechos y lo excepcional, 14 años de impunidad.

El actual senador por la Alianza Cambiemos, Carlos Reutemann, el ex intendente peronista Marcelo Alvarez y los ex funcionarios Edgardo Berli y Ricardo Fratti no fueron sólo autoridades públicas en el ejercicio de sus cargos cuando un tercio de Santa Fe quedó bajo agua sino también los autores de un crimen hídrico. Estos inundadores siguen libres: Alvarez quiere que la causa prescriba, Berli y Fratti dicen que hicieron lo que pudieron y Reutemann repite una y otra vez, como quien intenta convencerse asimismo, que él no sabía nada y que nadie le aviso.

El 29 de abril de 2003 la ciudad dejó de ser lo que era y el agua significó otra cosa. El río y el cemento se confundieron para dejar a la vista lo que somos desde entonces: una historia partida en dos, un territorio desigual, un abismo en el pecho y lágrimas que caen por el rostro como la lluvia del cielo cuando recordamos las cosas que perdimos y las personas que nos faltan.

Necesitamos justicia. 

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